Hiperesfera

por Victor Gonzalez

Vistas del shuttle

Grabaciones de cámaras en el despegue.

Me encantan las vistas 🙂

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julio 22, 2009 Posted by | otros | Deja un comentario

Apollo – porque era imposible

Toca hoy conmemorar la llegada del hombre a la Luna, hace 40 años. Tanto se ha dicho y redicho sobre las misiones que es difícil decir algo que parezca interesante. Hace unos días me estuve leyendo el libro de Gene Kranz “Failure is not an option” y la verdad me encantó. Gene Kranz fue uno de los “flight director” (directores de misión) en la década de los 60 y los 70. Fue protagonista de las misiones Mercury, Gemini y Apollo. Todos le hemos visto, aunque no nos hayamos fijado mucho, con su chaleco blanco, su pelo cortado “al uno” y sus auriculares mirando la pantalla y dirigiendo las misiones espaciales. En la película Apollo 13 su papel lo hace el actor Ed Harris.

Hace 40 años el mundo estaba un poco (o un mucho) revuelto. Los rusos y los americanos a punto de lanzarse el arsenal nuclear a la cabeza, los conflictos de Vietnam, las protestas sociales contra el racismo, etc. Fue entonces cuando Kennedy lanzó ese famoso mensaje que todavía hace estremecer: “…no vamos a la Luna porque es fácil, sino porque es difícil…” anunciando un reto que parecía imposible. Tanto Gene Kranz como otros tantos, ingenieros y técnicos no mayores de 25 años, fueron llamados a recoger ese testigo, esa aventura imposible.

A principios de los años 60 EEUU no sabía lanzar cohetes al espacio. Por suerte contaban con el famoso von Braun, genio indiscutible de la aeronautica, que había participado en el diseño de los cohetes V2 para Hitler y posteriormente la NASA lo contrató (nota: ser inteligente aumenta las probabilidades de supervivencia). En muy pocos años y paso a paso se fue construyendo, casi sobre la marcha, toda la tecnología necesaria para poner cohetes en órbita.

Siempre se habla de la historia de los astronautas. Pero hoy toca hablar de los técnicos. Ellos construyeron las naves espaciales, programaron los ordenadores (aunque tuvieran 17 Kb, en 17 Kb caben muuuchas instrucciones), diseñaron los planes de vuelo y contingencias en caso de emergencia, y decidieron que en el Control de Misiones el fallo no era una opción. Me impresiona Gene Kranz cuando habla de las reglas básicas que los controladores debían tener. Una de ellas decía: “cualquiera de nosotros puede, de forma inesperada, verse ante una situación en la que su decisión puede tener consecuencias definitivas”. Era un llamamiento a la responsabilidad, cosa que a veces se echa de menos hoy en día. Esos jóvenes de 25 años aprendieron que en sus manos tenían la responsabilidad de las vidas de los astronautas y, por si no fuera suficiente, de la reputación de Estados Unidos.

Imagino que para conseguir estos retos hace falta mucho dinero, condición necesaria, pero no suficiente. Hace falta también el tesón de un grupo de personas que quieren alcanzar lo imposible. Los programas Mercury, Gemini y Apollo fueron, sencillamente, programas “experimentales”. Cada misión era diferente, un nuevo reto, un nuevo problema a superar. Tuvieron que aprender a poner naves en órbita y a realizar encuentros en el espacio. Las naves Gemini 6 y Gemini 7 fueron lanzadas con pocas horas de diferencia y realizaron un encuentro en órbita, acercandose a muy pocos metros una de otra. Gemini 8 estuvo a punto del desastre cuando un habilidoso Neil Armstrong pudo recuperar la nave que giraba a una velocidad de 1 giro por segundo por culpa de un motor defectuoso. Otro Gemini cayó a 400 km de la zona de recogida porque a un ingeniero se le olvidó añadir la rotacion de la Tierra en una ecuación (en muchas ocasiones la capsula caería con una precisión asombrosa solo a pocos cientos de metros de la zona indicada). Tantas y tantas historias donde la ciencia se convertía en arte, el arte de hacer algo que nadie había hecho antes.

Cada misión generaba cuantiosa información para analizar posteriormente (debriefing). Había que entender lo que había ido bien y lo que había ido mal. Las misiones reales fueron unas pocas decenas, pero las misiones simuladas fueron cientos o tal vez miles. Todos los días se realizaban simulaciones de la misión, y los “ingenieros simuladores” simulaban todo tipo de fallos para entrenar al máximo a los controladores. Ellos tendrían que decidir en cuestion de segundos (o menos) ante una situación anómala y gritar “GO” o “NOGO”, o tal vez “ABORT”. Esas palabras podrían tener, como indica Kranz, “consecuencias últimas”.

Julio de 1969. Apollo 11. Después de 9 años de estudio ha llegado la fecha del examen definitivo. La única forma de saber si se puede aterrizar en la Luna es aterrizando. De hecho Apollo 10 ha sobrevolado pocos meses antes la superficie en una de las últimas pruebas antes de la misión definitiva. Los ingenieros les habían puesto un tercio del combustible necesario para evitar “tentaciones” de los astronautas para aterrizar. Ahora viene la hora de la verdad.

Neil Armstrong ha tomado el control de los mandos, algo va mal, la superficie que vislumbra por la ventana no coincide con el mapa que han estudiado. Por un pequeño fallo de navegación el modulo lunar se ha pasado de largo. La zona que ve no le gusta nada, esta llena de piedras. Mantiene la nave equilibrada y continúa en linea recta buscando un sitio. Los controladores están preocupados, el combustible es escaso. Si se acaba se estrellaran, o antes deberán abortar la misión y eyectar la cápsula, una maniobra también arriesgada. De repente se enciende una alarma en la nave: “alarma 1202”. Los controladores deben tomar una decisión rápida. Un ingeniero indica que esa alarma no es crítica, el ordenador se ha saturado de información. El controlador de vuelo grita “GO” que es la señal de continuar. Quedan 60 segundos de combustible. Nunca pensaron que fuera tan justo. Buzz Aldrin canta otra alarma “1201”. Los ingenieros responden: “mismo tipo! mismo tipo! GO”. El combustible se agota. Los ingenieros han pasado a modo silencio para no añadir ruido, en este momento solo hablarán si hay algo crítico que decir. Solo se oye una voz nerviosa que advierte a los astronautas:”30 segundos! … 30 segundos!” Todo esta en silencio. En este momento los ingenieros son espectadores, no quieren molestar más a Neil. Pasan segundos críticos, las patas del módulo lunar llevan unas varillas para detectar el suelo. Se oye una voz: “Luz de contacto…Motor apagado…Houston…aqui Tranquility Base, el Eagle ha aterrizado”.

Unas decenas de ingenieros y técnicos en Mission Control respiran. Quedaban 15 segundos de combustible. No se oyen muchas voces en alto ni gritos de “hurra”, hay que verificar que toda la nave esta integra, todavía puede ser necesario eyectar la cápsula si se produce alguna condición crítica. Lo primero es la vida de los astronautas, lo segundo la misión. Los ingenieros son así, tipos serios con camisa blanca y gafas de pasta. Pero muchos de ellos tienen los ojos húmedos en esos minutos, afortunadamente esas gafas permiten disimular y en la televisión tampoco se nota.

Mi homenaje a aquellos que no sabían que era imposible.

julio 20, 2009 Posted by | otros | 1 comentario