Hiperesfera

por Victor Gonzalez

Soy un bucle extraño – ¿en qué piensa un tomate?

strangeloopInauguro este blog haciendo referencia al ultimo libro que he leído: “Soy un bucle extraño” de Douglas Hofstadter. La verdad me ha gustado mucho, y eso que no he leído aun su conocida obra “Gödel Escher Bach” (GEB). El autor propone este libro como una segunda parte a GEB en interés de aclarar mejor los mensajes que quiere transmitir a su publico y que pudieron no quedar demasiado claros en GEB. Tal vez haya acertado empezando por este. Por cierto el título en español se ha traducido mal, la edición que yo tengo se titula “Soy un extraño bucle” cuando es más correcto decir “bucle extraño“, de forma similar a “atractor extraño” de la teoría del caos.

El libro trata sobre el recurrente problema de la consciencia y el sentido del “yo”. Para exponer su tesis propone un número de analogías ciertamente interesantes, todas basadas en fenómenos autorreferentes, empezando por sistemas sencillos como la retroalimentación de video (una cámara apuntando a su monitor) o la de audio (un micrófono escuchando su altavoz) . Una de las cosas más curiosas y que más quebraderos de cabeza da son los sistemas autorreferentes, ya sea desde el punto de vista matemático, fisico, linguistico, etc. No hay mas que revisar las famosas litografías de Escher para entender de una forma visual que significa “autorreferencia”. Volveré a ello después.

escher_manos1La tesis del libro es algo así como: la mente es un sistema generador de símbolos retroalimentado tan complejo que es capaz de representarse a sí mismo (como mirarse en el espejo) y producir el concepto “yo”. Veamos como sucede. Podemos suponer el cerebro de cualquier ser vivo (ameba, mosquito, vaca, perro, humano) como un sistema más o menos simple de codificación de la realidad externa en símbolos internos. Esto es fácil de imaginar. Cualquier input de entrada a través de los órganos sensoriales (luz, sonido, presión, un tigre que me quiere comer…) quedará representado por algún tipo de circuito o resonancia neuronal que simboliza esa realidad. La cantidad de símbolos posibles dependerá de la complejidad del cerebro. Una ameba, hormiga, mosquito, tendrán un número limitado de símbolos comparado con organismos más complejos. Podemos aceptar que existe una cierta gradación en ello, de tal manera que organismos avanzados como un perro o un primate manejan símbolos avanzados como “amistad”,  “pena”, “orgullo”, “vergüenza” (cualquiera que haya tenido perros lo sabe bien) y que difícilmente encontraremos en un mosquito (el autor profesa una especial aversión por los mosquitos – debió tener una mala experiencia).

chiquito_de_la_calzada_a_negociarEl sistema de símbolos, pues,  crece con la complejidad del cerebro hasta llegar a crear símbolos cada vez más abstractos como el amor, odio, envidia, pasión, celos, engaño, complejo de superioridad, hacer la pelota, hacerse el tonto, imitar a Chiquito de la Calzada, etc. Según el autor, cuando el sistema alcanza cotas de complejidad suficientes, comienza a modelar un símbolo que se refiere a sí mismo: el símbolo del “yo”. El sistema es lo suficientemente complejo como para contener descripciones de sí mismo. Por lo tanto se supone que la consciencia emerge de una manera gradual en los seres vivos, un mosquito sería muy poco o nada consciente de sí mismo, un perro algo más, y el ser humano alcanzaría la cota máxima (no conocemos nada superior) con un “circuito del yo” plenamente funcional. Todo este sistema de símbolos gira y gira dentro del cerebro como si fuera el software que se ejecuta en el hardware neuronal.

Por resumir un poco, podríamos decir que nuestro cerebro ha generado un sistema simbólico tan complejo que es capaz de producir símbolos de símbolos, y en el extremo símbolos del propio sistema generador de símbolos, es decir, de sí mismo. Cuando esto sucede, se produce una especie de retroalimentación autorreferente (bucle extraño) al cual le podemos llamar mente o incluso alma. Desde el punto de vista del autor, el sentido del “yo” y la consciencia sería un programa más cargado en la memoria del ordenador cerebral, un programa que asume un control muy fuerte del sistema en tanto en cuanto la retroalimentación es un factor que eleva exponencialmente la dinámica del mismo. El programa “yo” adquiere una posición preponderante en el cerebro y se muestra muy activo – es el amo del calabozo. El autor es amigo de las analogías y nos lanza de nuevo la pregunta: ¿puede un sistema modelarse a si mismo, al menos en parte? Volvamos a los sistemas autorreferentes.

kurt_godel_La historia de los sistemas que hablan de si mismos viene de lejos, por ejemplo las famosas frases paradojicas “Yo soy un mentiroso” o “Esta frase es falsa” no pueden decidirse verdaderas o falsas y revelan problemas lógicos con los usos autorreferentes en el lenguaje. Pero no fue hasta el siglo XX cuando los trabajos de Russell en la búsqueda del Santo Grial matemático de la completitud, y especialmente de Gödel marcaron un hito en el asunto de la autorreferencia. Rusell observó que había problemas de autoreferencia en la teoría de conjuntos (paradoja de Russell). Gödel demostró que determinados sistemas formales con axiomas aritméticos, empezando por nuestra conocida aritmetica de numeros enteros, son o incompletos o inconsistentes. En otras palabras, existen teoremas que no se pueden demostrar verdaderos ni falsos dentro del sistema. Para realizar su objetivo Gödel fue capaz de utilizar el propio sistema simbólico gobernado por los axiomas aritméticos para construir de una forma perfectamente legal un teorema que hablaba de sí mismo y decía que “era indemostrable”. Increible pero cierto. Me gustaría hablar sobre la demostración de Gödel en otro capítulo si consigo entenderla bien primero! La construcción de Gödel le sirve al autor como analogía para llevarnos a entender lo que significa que un sistema pueda hablar de si mismo así como las posibles paradojas a las que se puede enfrentar, si bien utilizar a Gödel fuera de su ámbito particular es algo arriesgado.

En lineas generales me ha gustado mucho la aproximación del autor al tema y comulgo con la idea de que la mente es un concepto que emerge de forma gradual en los sistemas complejos. Es un sistema emergente por excelencia. No podemos entender la mente estudiando lo que hace una neurona, igual que no podemos entender el hormiguero estudiando lo que hace una hormiga. Los seres vivos más desarrollados en capacidad neuronal poseerían, por lo tanto, mayor número de categorias mentales y mayor consciencia en si mismo. Incluso el ejemplo que el autor propone, el embrión humano que se desarrolla hasta alcanzar el estado de humano adulto, también recorre de forma progresiva ese camino en complejidad y autoconsciencia.

Surgen otras ideas muy sugerentes de la lectura del libro. Si la mente es una ejecución de simbolos complejos autorreferentes organizados en bucles, cabe la posibilidad de que no dependa mucho del hardware subyacente. Reconozco que he pensado varias veces en este asunto. Si la mente es un software corriendo en un hardware, ¿podríamos llegar a replicar ese software en otro hardware? ¿Qué sucedería si se realizase una copia exacta de mis conexiones neuronales en otro dispositivo físico? Si una maquina de teletransporte me copia en otro planeta ¿sigo siendo yo mismo? Será dificil poder algun dia dar respuesta a estas preguntas, ya que no parece que haya forma de comprobar su veracidad. De nuevo aparece el fantasma de Gödel indicando que la frase “yo soy yo mismo” no puede decidirse ni verdadera ni falsa.

halPero una idea algo mas accesible, y tambien con muchos tintes metafísicos, es el concepto de la consciencia en otros sistemas. Parece que el ser humano acepta de forma intuitiva que la consciencia responde a esa gradación de lo más simple a lo más complejo. Matar una bacteria es menos grave eticamente que aplastar un mosquito, y a su vez menos grave que matar a un perro, a un delfín, a un chimpancé, y a un humano. Cuando nos comemos un tomate, no pensamos que el tomate esté sufriendo por tener consciencia de si mismo. Pero si aceptamos que la consciencia es información en movimiento, entonces tendremos que aceptar de forma lógica que las máquinas podrian albergar consciencia de la misma manera y con la misma forma gradual. Un viejo Spectrum o Commodore serían muy poco conscientes (la bacteria), los Pentium algo más (mosquito), Internet tal vez algo más (hormiguero) y así hacia el momento en que los robots y las máquinas alberguen lo que tambien llamariamos algo así como mente o alma. Recuerdo para finalizar la historia de Skynet, el ordenador de la película Terminator que cobró consciencia de sí mismo el 26 de Agosto de 1997 – ahora debe estar empezando a sentir curiosidad por el sexo opuesto (virtual, por supuesto).

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enero 9, 2009 - Posted by | libros, matemática

7 comentarios »

  1. […] a todo este castillo de naipes construido desde la remota idea de Llull. Ya he comentado en otra entrada la hazaña de Gödel y cómo ya se conocían paradojas de autorreferencia (”esta frase es […]

    Pingback por La máquina de la verdad « Hiperesfera | enero 15, 2009

  2. Sexo opuesto… o sexo, a secas. 🙂

    Me has dado el título del primer capítulo de Bit:

    “Emergencia”

    Comentario por Jose Negrete | enero 16, 2009

  3. Hola, he descubierto “Hiperesfera” por casualidad, mientras buscaba información sobre el libro de “Soy un bucle extraño” de Douglas Hofstadter. Muy muy interesante el análisis/resumen que haces del libro.
    “¿Qué sucedería si se realizase una copia exacta de mis conexiones neuronales en otro dispositivo físico?”
    Existe una excelente novela de ciencia-ficción del escritor inglés Algys Budris, tal vez la conozcas, titulada “El laberinto de la luna” donde se plantea esa misma cuestión: “Si una maquina de teletransporte me copia en otro planeta ¿sigo siendo yo mismo?”.
    La única edición en castellano es muy difícil de encontrar, pero os dejo un link donde se puede descargarse una versión en formato electrónico.
    Un saludo y enhorabuena por esta blog.
    Jesús Olmo

    novela en formato electrónico:
    http://bibliotheka.org/?/buscar/laberinto de la luna

    texto de la contraportada de la edición original de la editorial Ultramar (1991):
    El científico Ed Hawks ha creado el transmisor de materia, una máquina increíblemente poderosa que puede enviar a un hombre a la Luna al tiempo que crea un duplicado suyo aquí en la Tierra. Pero todos los voluntarios que son enviados a la Luna mueren unos pocos minutos más tarde en el laberinto alienígena que ha sido descubierto allí, mientras que sus duplicados terrestres, unidos telepáticamente a ellos, se ven sumidos en la locura. Hasta que aparece Al Barker, un aventurero que ha pasado toda su vida desafiando a la muerte, y que ahora está dispuesto a desentrañar definitivamente ese desafío alienígena. El Laberinto de la Luna` es una obra soberbia, que combina los elementos de intriga y emoción más tradicionales de la ciencia ficción con los niveles más profundos y simbólicos de lectura.

    Comentario por Jesús Olmo | agosto 3, 2009

  4. Gracias Jesús, no conocía esa novela, pero tendré que leerla!

    Comentario por Victor Gonzalez | agosto 10, 2009

  5. Gracias por el dato de la novela, la leere!! yo supe de este mistico mundo de la autoreferencia y la locura por un programa que se escucha en mvs radio 102.5, se llame “El Explicador” y lo dirige Enrique Ganem, asi que si alguien quiere saber mas de ciencia y tecnologia creo que el es buena opcion!! saludos y gracias por la aportacion a la red!!

    Comentario por Sazu | julio 27, 2010

  6. Muy interesante.
    “Si una maquina de teletransporte me copia en otro planeta ¿sigo siendo yo mismo?”
    Imagino -por imaginar que no quede- que es difícil conseguir una copia tan exacta que sea *uno mismo*, básicamente debido a que -salvando las probabilidades de réplica- el sistema es también autopoyético en tanto que simultáneamente reactivo con el entorno. Y las probabilidades de que ese sistema o conjunto de neuronas “replicadas exactamente” se tope con el mismo conjunto sucesivo de circunstancias ambientales/educacionales/climatológicas, etc. etc., ese sí que diría casi imposible de repetirse. O quizá no, chi lo sa.
    Gracias por la reseña.

    Comentario por Ana di Zacco | febrero 20, 2011

  7. […] una nueva entrega, más fácil y amena de leer aunque igualmente densa y compleja titulada “Yo soy un bucle extraño” sobre las mismas ideas que al parecer no terminó de resolver en aquel volumen (y que […]

    Pingback por La almidad « La nodriza de las hadas y el rey carmesí | marzo 16, 2011


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